Hace unos días surgió en Estados Unidos una cierta polémica al publicar, al parecer por error, una revista de la prestigiosa universidad de Harvard un anuncio que cuestionaba, dejemoslo ahí, el Holocausto. El asunto me ha venido a la memoria al conocer por la prensa las intenciones de la justicia española de juzgar algunos crímenes de trasfondo neonazi de forma análoga a los delitos de terrorismo. También en España, hace pocos días, se produjo una controversia similar al protestar la embajada de Israel por la entrevista del diario El Mundo al conocido autor revisionista británico David Irving, condenado en Austria por el crimen de negación del Holocausto. La cosa llegó a tal punto que el ministro de Asuntos Exteriores español condenó dicha entrevista y el periódico sacó un editorial al día siguiente escudándose en la libertad de prensa al tiempo que "repudiaba" las palabras de Irving.
Este es un asunto espinoso por la carga emocional que lo acompaña, pero creo que merece la pena hacer unas cuantas consideraciones al respecto. David Irving y muchos otros consideran el Holocausto una suerte de ficción histórica, creada por los aliados como herramienta de propaganda al final de la Segunda Guerra Mundial y sostenida por los judíos por interés propio.
En primer lugar, existe un innegable prejuicio de fondo al considerar que "los judíos" o sus poderes fácticos actúen como un colectivo único que busca obtener beneficio a consta de falsear la historia. La deshumanización por colectivización es un sistema muy antiguo de racismo. Pero también se da en sentido inverso: existe la tendencia de considerar a todos los revisionistas como una suerte de apologistas del nazismo que buscan engañar con fines propagandísticos o antisemitas.
Lo cierto es que, si nos preguntaran a cualquiera de nosotros si el Holocausto ocurrió realmente, la inmensa mayoría de nosotros (me incluyo) diríamos que si. Pero no sabríamos argumentar nuestra respuesta.
Si debemos considerar la Historia como una ciencia, algo que no estoy seguro de que pueda ser estrictamente posible pero nos sirve como punto de partida, nuestras opiniones han de estar fundadas en evidencias, de las que la mayoría carecemos, sometidas a contrastación, que la mayoría no buscamos, y expuestas a ser refutadas por nuevas evidencias que contradigan nuestra opinión.
No es cierto que todos los revisionistas y negacionistas sean neonazis, algunos incluso son judíos, como tampoco lo es que todos sean brillantes historiadores perseguidos por sus ideas políticas. Algunos niegan el Holocausto en su totalidad, otros tienden a minimizarlo rebajando las cifras de muertos, otros niegan que Hitler estuviera enterado, otros culpan de las muertes de prisioneros a los bombardeos aliados, etcétera. Lo que ninguno niega, porque es imposible negarlo, es que el régimen nazi era por principio racista, antisemita, homófobo, favorable a la eugenesia y belicoso. Que utilizaba la propaganda, la coacción y la violencia para obtener lo que consideraba suyo sin importar la oposición. Que, como mínimo, internó a cientos de miles de seres humanos en guetos y campos de concentración por media Europa, basándose únicamente en su odio al diferente y sus prejuicios sin juicio ni representación legal. Que abolió el estado de derecho en Alemania, Austria, y en general en todos los países ocupados, y que se alió con otros países que realizaron similares tropelías. Y que, según varios revisionistas, ideó una "solución final" al "problema" judío consistente en enviar a todos los judíos de Europa a la isla de Madagascar previo expulsar de allí a todos los residentes franceses.
A menudo se argumenta que Estados Unidos internó también a los ciudadanos japoneses en campos de concentración durante la guerra, y que Stalin eliminó a millones de. Malo es cuando para justificar lo que has hecho mal sólo puedes esgrimir que otros también lo han hecho.
Tenemos que esforzarnos por ser capaces de discutir las cosas con argumentos y únicamente sobre esa base. Descalificar por descalificar, ya sea para afirmar o negar el Holocausto, sólo lleva a un enconamiento de las posiciones que no beneficia a nadie ni contribuye al esclarecimiento de la historia.
viernes, 11 de septiembre de 2009
jueves, 10 de septiembre de 2009
Y cuando menos se espera, aparece Uruguay
A veces es muy fácil reducir la política en Iberoamérica, sobre todo si nos reducimos a lo que publica la prensa europea, a la última ocurrencia de Hugo Chávez, la enésima muestra de miseria en Cuba o los problemas que asaltan al gobierno Kischner en Argentina. Sin embargo, de vez en cuando te sorprenden algunas noticias que consiguen llegar a este lado del Atlántico.
Leo en el Mundo de hoy con alegría de que Uruguay se ha convertido en el primer país íberoamericano que legaliza la adopción de niños por parejas homosexuales, si bien ya permitía la adopción a título particular de uno de los miembros de la pareja. Esto contrasta bruscamente con la noticia, también extraída de la prensa española, de la solicitud de asilo colectivo en España por parte de miembros del colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Italia a causa de la "creciente homofobia" que sufren en su país, según denuncian.
Vaya por delante que dudo seriamente de que se les conceda el asilo, sobre todo perteneciendo a un país vecino y miembro de la Unión Europea. Pero creo que la denuncia tiene un trasfondo que no debería ser ignorado. España se ha convertido desde hace unos años, aún más con las leyes promulgadas al respecto por el gobierno del presidente Rodríguez Zapatero, en una suerte de punta de lanza de los derechos de los homosexuales en la sociedad, y esto nos puede llevar a olvidar que en la mayoría de países la homosexualidad es en el mejor de los casos marginada y en el peor perseguida y castigada por la ley.
Me alegro por Uruguay y espero que sea sólo el primero de muchos más pasos en la buena dirección en el continente americano.
Leo en el Mundo de hoy con alegría de que Uruguay se ha convertido en el primer país íberoamericano que legaliza la adopción de niños por parejas homosexuales, si bien ya permitía la adopción a título particular de uno de los miembros de la pareja. Esto contrasta bruscamente con la noticia, también extraída de la prensa española, de la solicitud de asilo colectivo en España por parte de miembros del colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Italia a causa de la "creciente homofobia" que sufren en su país, según denuncian.
Vaya por delante que dudo seriamente de que se les conceda el asilo, sobre todo perteneciendo a un país vecino y miembro de la Unión Europea. Pero creo que la denuncia tiene un trasfondo que no debería ser ignorado. España se ha convertido desde hace unos años, aún más con las leyes promulgadas al respecto por el gobierno del presidente Rodríguez Zapatero, en una suerte de punta de lanza de los derechos de los homosexuales en la sociedad, y esto nos puede llevar a olvidar que en la mayoría de países la homosexualidad es en el mejor de los casos marginada y en el peor perseguida y castigada por la ley.
Me alegro por Uruguay y espero que sea sólo el primero de muchos más pasos en la buena dirección en el continente americano.
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Homosexualidad,
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