miércoles, 23 de diciembre de 2009

Para quien crea que el romanticismo ha muerto...

Hace unos meses encontré por casualidad una referencia en una revista de divulgación a una sociedad algo así como pseudocientífica llamada Flat Earth Society, libremente traducible como la Sociedad de la Tierra Plana.

La Sociedad de la Tierra Plana tiene sus orígenes en las ideas de un inventor inglés, Samuel Rowbothan, quién a mediados del siglo XIX creó un nuevo sistema astronómico, basado en la interpretación literal de ciertos pasajes bíblicos, al que llamó Astronomía Zetética. Según su obra, la Tierra no era un globo, si no un disco plano del que el sol, la luna y las estrellas sólo distaban unos pocos miles de kilómetros. La estructura aparentemente redonda que observamos en los mapas se debería, según Rowbothan, a una mala interpretación de la verdadera geografía de la Tierra: un glacial central que constituiría el Polo Norte, los continentes extendiéndose radialmente desde él y un enorme muro de hielo que limitaría el borde del dísco, dando origen al Polo Sur, y que separaría al planeta de los abismos siderales.

El movimiento zetético tuvo muchos seguidores y llegó a aguantar hasta el periodo de entreguerras como algo científico, si bien posteriormente fue adoptado por algunas comunidades religiosas extremistas de EEUU y cayó en otro tipo de dinámicas.

Sin embargo, se revitalizó después de la Segunda Guerra Mundial gracias al impulso del astrónomo Samuel Shenton. Shenton era un científico de cierto prestigio, miembro de la Royal Astronomical Society y de la Royal Geographical Society del Reino Unido, y fue el fundador de la International Flat Earth Society original. A diferencia de sus predecesores, aportó algunos argumentos de cierto peso para justificar la aparente curvatura de la Tierra tal y como aparecía en las fotos tomadas desde el espacio, haciendo especial hincapié en los fenómenos ópticos de refracción de grandes superficies, aunque nunca fue capaz de demostrar sus ideas de forma convincente.

A día de hoy, probablemente el legado más importante de la Sociedad de la Tierra Plana sea la creación de una de las leyendas urbanas más famosas de la historia: el montaje del viaje a la luna. Samuel Shenton argumentó siempre que el alunizaje de las misiones Apolo, especialmente el primero del Apolo XI, fueron montajes realizados cinematográficamente con la ayuda de varios directores de Hollywood (el más nombrado suele ser Stanley Kubrick) y bajo la supervisión del pionero de la ciencia ficción Arthur C. Clarke. El propio Clarke suele recordar esta leyenda con cierto humor, a menudo clamando porque la NASA le pague lo que le debe por aquello más atrasos correspondientes.

Actualmente existe una version de la Sociedad de la Tierra Plana algo más activa merced a Internet y el impulso de varios particulares, pero que se sepa no tiene relación directa con la sociedad original, cuya actividad decayó bastante pese a los esfuerzos del sucesor de Samuel Shenton, Charles Johnson. Johnson murió en 2001, casualmente, tras años de intentar convencer al mundo de sus teorías, que incluían una Pangea cuadrada como fuente original de todas las masas terrestres y una conspiración global para encubrir la verdad científica, plasmada en la bandera de la Naciones Unidas como símbolo de esa evidencia.

Al margen de las opiniones que nos pueda merecer a cada uno las ideas de la Zetética y la Tierra plana, es imposible dejar de admirar el esfuerzo más que centenario realizado por personas de todo el mundo en propagar esta idea. Una idea tan descabellada para la mayoría que se arriesgan a ser tomados por locos por defenderla, pero que aún así defienden con entusiasmo.

Por cierto, yo creo que la Tierra es más o menos esférica, pero ¿seríamos alguno de nosotros capaces de demostrarlo?

jueves, 17 de diciembre de 2009

Si hay que ir, se va, pero ir para nada es tontería

Me ha venido a la cabeza la frase que hicieron famosa Cruz y Raya al leer una nueva tanda de declaraciones sobre el tema de las leyes de eutanasia y de equiparación de derechos a las uniones homosexuales por parte de Su Santidad el Papa Benedicto XVI.

No suelo hablar de las declaraciones de los representantes religiosos de ningún signo al respecto de estos asuntos, porque siempre he pensado que la libertad de expresión es de todos y que, si te consideras católico o de cualquier otra religión, suscribes o no las opiniones de los líderes de la misma pero que, en cualquier caso, es tu fe y tú crees en lo que crees.

El caso es que me toca la fibra sensible eso de que las cosas van contra la ley natural. Principalmente porque se suele usar la expresión como sinónimo de "ley de lo que a mí me parece bien", ya que no recuerdo haber oído a nadie decir que como el bacilo de Koch mata personas de forma natural haya que dejar que los tuberculosos mueran por la "ley natural".

Sin embargo, sí creo que puede ser interesante reseñar aquí esa contradicción porque lo cierto es que si existe al menos un caso de una doctrina religiosa que renuncia a tratamientos médicos por consecuencia con la Biblia, y es el famoso caso de la oposición de muchos miebros de los Testigos de Jehová a las transfusiones sanguíneas aun incluso en propio peligro de muerte. Esta oposición viene de una cierta interpretación de varios versículos del Antiguo Testamento, entre los que caben destacar dos:

Génesis, 9:4 - "Sólo se abstendrán de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre. "

Levítico, 3:17 - "Esta es una ley permanente que pasará de padres a hijos, dondequiera que viváis: no comáis nada de grasa ni de sangre.”

Cabe decir que los Testigos de Jehová no castigan a aquellos que comen la grasa de la carne. Y esto es lo que me indigna. Nunca he sabido, y probablemente nunca lo sepa, porqué las iglesias organizadas en torno a doctrinas enseñadas en libros como la Biblia o el Corán deciden tranquilamente y sin el menor asomo de vergüenza seguir al pie de la letra unas partes del libro, interpretar otras de formas variadas y finalmente ignorar otras por completo como si no existieran. O, casi peor aún, vanagloriarse de algunas partes que contradicen directamente otras.

Mi ejemplo favorito por lo brutal aparece con frecuencia en las justificaciones que las iglesias más militantes, especialmente las norteamericanas, esgrimen contra el matrimonio homosexual, y, de hecho, contra la conducta homosexual como antinatural. Prácticamente todas están basadas en el relato bíblico de la destrucción de Sodoma y en la condena de la homosexualidad en el libro del Levítico. En la mayoría de los casos se cita el siguiente versículo de éste:

Levítico, 18:22 - "No te ayuntarás con hombre como con mujer, pues es abominación".

Me resulta curioso que las mismas personas no suelan citar este otro, que aparece un poco más abajo:

Levítico, 20:13 - "Si alguno ayuntaré con hombre como con mujer, cometieron una abominación; ambos han de ser muertos y sobre ellos caera su sangre".

Parece evidente que no lo usan porque les caería encima la opinión pública por incitación al genocidio. Pero está en el mismo libro, casi siempre en la misma página, y debería ser obedecido igual que el anterior si consideras que el primero es cierto. Como también deberían serlo los que aparecen en esos mismos capítulos sobre las mujeres durante el período menstrual, el adulterio, la cocina y el lavado de la ropa.

En cuanto a la historia de Sodoma, se suele relatar como Dios envía dos ángeles a Sodoma para comprobar si existen diez almas puras en la ciudad y así salvarla, según el pacto realizado con Abraham, y como los enloquecidos hombres sodomitas atacan la casa de Lot, donde se cobijaban los ángeles, para que éste les entregue a esos hombres y poder abusar de ellos. Lot se niega y los ángeles ciegan a la multitud enloquecida, Lot huye de la ciudad y ésta es destruida como castigo a sus pecados. Ahora bien, casi nadie que cuenta esta historia con ánimo de dar ejemplo de lo mala que es la homosexualidad incluye la parte, justo en el centro del relato, en la cual Lot intenta calmar al gentío mediante un método poco convencional:

Génesis, 19:7 y 8 - "Y dijo Lot: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad. He aquí que tengo dos hijas que no han conocido varón; las sacaré fuera y podréis hacer con ellas como queráis. Solamente os pido que no hagáis daño a estos hombres, pues son huéspedes cobijados bajo mi techo"

Es decir, para que no hagáis daño a mis huéspedes os ofrezco dejaros violar a mis hijas vírgenes repetidamente hasta que se os pase la calentura. Y ése fue el que se salvó de la destrucción de la ciudad por ser un santo varón. Habría que revisar ese baremo.

Todo esto viene a cuento porque me enfada ver como los líderes religiosos manipulan las escrituras sagradas y las palabras para intentar convercer a las personas de que lo que ellos consideran adecuado es lo adecuado porque lo dice tal o cual libro o atenta contra tal o cual ley natural, mientras se ignora selectivamente todo aquello de la misma fuente o que atente contra la misma ley pero nos parezca más aceptable.

Si hay que ir, se va. Si hay que vivir según un libro, se vive, pero según todo el libro, no la parte que nos guste.

P.S: por cierto, la primera vez que leí esas partes concretas de la Biblia me dí cuenta de sólo condenan a los homosexuales varones, pero no a las lesbianas. Cosas tiene la vida, oye.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Verdades indemostrables y mentiras demostradas

Hace unos días surgió en Estados Unidos una cierta polémica al publicar, al parecer por error, una revista de la prestigiosa universidad de Harvard un anuncio que cuestionaba, dejemoslo ahí, el Holocausto. El asunto me ha venido a la memoria al conocer por la prensa las intenciones de la justicia española de juzgar algunos crímenes de trasfondo neonazi de forma análoga a los delitos de terrorismo. También en España, hace pocos días, se produjo una controversia similar al protestar la embajada de Israel por la entrevista del diario El Mundo al conocido autor revisionista británico David Irving, condenado en Austria por el crimen de negación del Holocausto. La cosa llegó a tal punto que el ministro de Asuntos Exteriores español condenó dicha entrevista y el periódico sacó un editorial al día siguiente escudándose en la libertad de prensa al tiempo que "repudiaba" las palabras de Irving.

Este es un asunto espinoso por la carga emocional que lo acompaña, pero creo que merece la pena hacer unas cuantas consideraciones al respecto. David Irving y muchos otros consideran el Holocausto una suerte de ficción histórica, creada por los aliados como herramienta de propaganda al final de la Segunda Guerra Mundial y sostenida por los judíos por interés propio.

En primer lugar, existe un innegable prejuicio de fondo al considerar que "los judíos" o sus poderes fácticos actúen como un colectivo único que busca obtener beneficio a consta de falsear la historia. La deshumanización por colectivización es un sistema muy antiguo de racismo. Pero también se da en sentido inverso: existe la tendencia de considerar a todos los revisionistas como una suerte de apologistas del nazismo que buscan engañar con fines propagandísticos o antisemitas.

Lo cierto es que, si nos preguntaran a cualquiera de nosotros si el Holocausto ocurrió realmente, la inmensa mayoría de nosotros (me incluyo) diríamos que si. Pero no sabríamos argumentar nuestra respuesta.

Si debemos considerar la Historia como una ciencia, algo que no estoy seguro de que pueda ser estrictamente posible pero nos sirve como punto de partida, nuestras opiniones han de estar fundadas en evidencias, de las que la mayoría carecemos, sometidas a contrastación, que la mayoría no buscamos, y expuestas a ser refutadas por nuevas evidencias que contradigan nuestra opinión.

No es cierto que todos los revisionistas y negacionistas sean neonazis, algunos incluso son judíos, como tampoco lo es que todos sean brillantes historiadores perseguidos por sus ideas políticas. Algunos niegan el Holocausto en su totalidad, otros tienden a minimizarlo rebajando las cifras de muertos, otros niegan que Hitler estuviera enterado, otros culpan de las muertes de prisioneros a los bombardeos aliados, etcétera. Lo que ninguno niega, porque es imposible negarlo, es que el régimen nazi era por principio racista, antisemita, homófobo, favorable a la eugenesia y belicoso. Que utilizaba la propaganda, la coacción y la violencia para obtener lo que consideraba suyo sin importar la oposición. Que, como mínimo, internó a cientos de miles de seres humanos en guetos y campos de concentración por media Europa, basándose únicamente en su odio al diferente y sus prejuicios sin juicio ni representación legal. Que abolió el estado de derecho en Alemania, Austria, y en general en todos los países ocupados, y que se alió con otros países que realizaron similares tropelías. Y que, según varios revisionistas, ideó una "solución final" al "problema" judío consistente en enviar a todos los judíos de Europa a la isla de Madagascar previo expulsar de allí a todos los residentes franceses.

A menudo se argumenta que Estados Unidos internó también a los ciudadanos japoneses en campos de concentración durante la guerra, y que Stalin eliminó a millones de. Malo es cuando para justificar lo que has hecho mal sólo puedes esgrimir que otros también lo han hecho.

Tenemos que esforzarnos por ser capaces de discutir las cosas con argumentos y únicamente sobre esa base. Descalificar por descalificar, ya sea para afirmar o negar el Holocausto, sólo lleva a un enconamiento de las posiciones que no beneficia a nadie ni contribuye al esclarecimiento de la historia.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Y cuando menos se espera, aparece Uruguay

A veces es muy fácil reducir la política en Iberoamérica, sobre todo si nos reducimos a lo que publica la prensa europea, a la última ocurrencia de Hugo Chávez, la enésima muestra de miseria en Cuba o los problemas que asaltan al gobierno Kischner en Argentina. Sin embargo, de vez en cuando te sorprenden algunas noticias que consiguen llegar a este lado del Atlántico.

Leo en el Mundo de hoy con alegría de que Uruguay se ha convertido en el primer país íberoamericano que legaliza la adopción de niños por parejas homosexuales, si bien ya permitía la adopción a título particular de uno de los miembros de la pareja. Esto contrasta bruscamente con la noticia, también extraída de la prensa española, de la solicitud de asilo colectivo en España por parte de miembros del colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Italia a causa de la "creciente homofobia" que sufren en su país, según denuncian.

Vaya por delante que dudo seriamente de que se les conceda el asilo, sobre todo perteneciendo a un país vecino y miembro de la Unión Europea. Pero creo que la denuncia tiene un trasfondo que no debería ser ignorado. España se ha convertido desde hace unos años, aún más con las leyes promulgadas al respecto por el gobierno del presidente Rodríguez Zapatero, en una suerte de punta de lanza de los derechos de los homosexuales en la sociedad, y esto nos puede llevar a olvidar que en la mayoría de países la homosexualidad es en el mejor de los casos marginada y en el peor perseguida y castigada por la ley.

Me alegro por Uruguay y espero que sea sólo el primero de muchos más pasos en la buena dirección en el continente americano.